Las altas temperaturas pueden dañar el teléfono de forma irreversible y comprometer su funcionamiento. Evitar la exposición directa al calor es clave durante el verano.
Con la llegada del verano, es habitual dejar el teléfono móvil sobre el salpicadero, el asiento o la consola central del coche. Sin embargo, este gesto puede tener consecuencias importantes para el dispositivo. Las elevadas temperaturas que se alcanzan en el interior de un vehículo estacionado al sol pueden afectar seriamente al rendimiento y la vida útil del móvil.
El componente más vulnerable es la batería de ion-litio, que se degrada con mayor rapidez cuando se expone a un calor excesivo. Como consecuencia, el teléfono puede perder autonomía, funcionar con mayor lentitud, apagarse de forma inesperada o presentar problemas durante la carga. En algunos casos, incluso puede bloquear determinadas funciones hasta que recupere una temperatura segura.
El riesgo aumenta cuando el dispositivo se utiliza como navegador mediante Android Auto o Apple CarPlay. La carga del teléfono ya genera calor por sí misma y, si además recibe radiación solar directa dentro del vehículo, la temperatura puede elevarse hasta niveles perjudiciales para la batería y la pantalla.
Para evitar daños, los expertos recomiendan no dejar el móvil expuesto al sol, guardarlo en un compartimento protegido del calor y evitar cargarlo cuando el habitáculo alcance temperaturas muy elevadas. Si el teléfono se sobrecalienta, lo más recomendable es dejar de utilizarlo y permitir que se enfríe de forma natural, sin introducirlo en el frigorífico ni aplicar cambios bruscos de temperatura.
Además de cuidar el estado del vehículo antes de viajar, también conviene proteger los dispositivos electrónicos que llevamos en él. Un pequeño descuido puede traducirse en una avería costosa y en la pérdida de rendimiento del teléfono.
Fuente: motor.elpais
